¿Hasta dónde acepto la pornografía?

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Hoy llegué al punto de preguntarme lo que se puede y no recomendar conocer, o leer en público, que es lo mismo.

Leyendo la página 45 del Opus pistorum de Henry Miller, se trataba de una violación de tres hombres incluyendo al narrador sobre una mujer dicha calienta pollas (sainte nitouche sería el equivalente francés). Queriendo entender porque se violaba en su novela cuando en general al Miller le basta tener relación con prostitutas y mujeres cachondas y consentidas, volví a las páginas anteriores y solo se explicaba que la mujer lo perseguía mostrándole partes de su anatomía privada sin querer el sexo que le ofrecía él en respuesta. Pues quedé en que no era razón suficiente para violarla, no!? Entonces queriendo encontrar otro pasaje más interesante y menos vulgar – qué cosa más estúpidamente fácil y cobarde que violar a una mujer cuando son 3 hombres – pues encontré ese pasaje donde una niña de 10-11 años está follando con el amigo del narrador, cuando no con los vecinos del barrio.Y seguía descripciones de cómo tan joven ya la niña tenía olor sexual y sabía manejar una polla como para ponerla erecta. ¡Vaya comentarios más aburridos! Ahí paré mi lectura.

¿Será que soy más tolerante con Sade porque tiene 2 siglos de anterioridad sobre Miller? Él también diserta páginas sobre violaciones. Pero primero, no recuerdo mención a niños. Segundo, el motivo de Sade resulta ser mucho más político que de ganarse dinero con la pornografía, que es el motivo de Miller, como leí el epílogo de cómo le fue encargado Opus pistorum. Le pagan 1 dollar la página. Y lo leían directores famosos de Hollywood.

Leo Sade como un filósofo político que utiliza la crueldad como metáfora de la violencia política ejercida por una clase aristócrata sobre las otras. Y sus relatos, la mayoría escritos en cárcel, tienen un toque tan inverosímil que no me impactan tantos como éstos pasajes de Miller que me hicieron cerrar el libro. París era tan miserable en la posguerra de los 20 y 30 que me creo completamente esa niña hija de comerciantes que se prostituye por nada.

Tantísimo más grande e inspirador es Georges Bataille, y casi terminé en directo el pequeño Poèmes et nouvelles érotiques ya empezado en Sexofonia.

Y para dramatizar más que suavizar la hora, la voz emborrachante de Amália Rodríguez y su Primavera, Verde pino, verde mastro, y Medo.

Me voy dos semanas a París, vuelvo para Nocheloca, os deseo mucho goce, colectivo o solitario!!

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